Como ya sabeis soy aficionado a los viajes y como en ocasiones anteriores he elegido una gran urbe como destino. En esta ocasión he viajado al norte de Italia, más concretamente a Milán.
En Italia, país de las motos, las pizzas, la pasta y el futbol tambien había sitio para las bicis. La tradición clicista se respira en Milan pese al tremendo y desordenado tráfico del centro de la ciudad no eran pocas las personas que se decantaban por la bicicleta como medio de transporte.
La ciudad no ofrece resistencias de altura, siendo practicamente llana y permitiendo sobre todo a las personas de más edad moverse por la urbe en bicicletas de paseo. Sorprendente es que los que más usan la bici por la ciudad superan en su mayoría la treintena de edad. La mayor resistencia que puede encontrarse es el estado de las vías principales. Adoquinadas por lo general, las calles del centro urbano están bastante mal cuidadas siendo fundamental ir preparado para sufrir baches en cada pedalada.
Desde la Piazza de la Republica hacia el centro el problema del adoquinado va diluyendose llegando a las zonas más ciclables y bonitas de la ciudad. Una vez superado el teatro de la Scala y hasta el Duomo, la zona peatonal permite el paso de bicicletas, que es usado por muchos milaneses que ven una alternativa real a los coches y las motos más extendidas en la ciudad.
Solo pudimos localizar un carril-bici en toda la ciudad que se encuentra en el parque que rodea el Palazzio Sforcesco, por lo que los ciclistas se pierden entre una multitud de coches y motos cuando se sale del centro de la ciudad. Cada semaforo parece una salida de un gran premio de motociclismo o automovilismo pero parece que los ciclistas son respetados, ya que en los 4 días que allí permanecimos no vimos incidente alguno, salvo alguna torcedura de tobillo debida al adoquinado.
Otro detalle cuanto menos curioso, es que vimos cantidad de ejecutivos vestidos de traje, maletín en mano o parrilla, circulando con su bicicleta por el centro de la ciudad. A la hora de comer es sorprendente ver la cantidad de trajeados bikers que abandonan su puesto de trabajo en entidades financieras con una bicicleta.
Por ultimo deciros que no parece muy seguro candar la bici en la ciudad ya que solo vimos una docena de bicis candadas. Tampoco fuimos capaces de encontrar una empresa que alquilara bicicletas, quizá porque los servicios para turistas y visitantes esten pensados para viajes organizados.
Una vez más lamento no haber facturado la bicicleta con mi equipaje para poder dar un paseo pero espero animarme para la siguiente escapada.