Todo
comenzó hace unas semanas, cuando nos llega Rober y nos lanza:
¿Este año iremos a la de los Monegros, no?... Y fue
entonces cuando nos miramos uno a uno y vimos en los ojos de los demás
esa chispilla que lo decía todo. Y por supuesto nos lanzamos
a la aventura.
Preguntas varias: ¿Cómo tenéis el cuerpo?,
¿Os acordáis del año pasado?. ¿Y si
nos topamos con el viento otra vez?. Respuestas varias: Pocos kilómetros
y mucha juerga. Como no entrenemos un poco este año, entramos
con las luciérnagas.
Bien, una vez hechas todas estas metafísicas reflexiones
nos tiramos al ruedo y en unos pocos días nos pusimos a desentumecer
los músculos a base de pedaleo.
Próximos al gran día y viendo que más ya no
se podía hacer por nuestros cuerpos, nos metimos en la preparación
de nuestras máquinas, para que aguantaran la brutal paliza
que les íbamos a dar.
Y por fin llega el gran día. Bilbao 8,00 h. de la mañana.
Dos coches, un Golf y una Space. 7 locos (Aitor, Niko, Rober,
Frank, Félix y el que lo cuenta, Miguel) y 7 bicis. Nos falta
Fátima que sale de Salamanca y nos espera en el hostalillo
de Sariñena, que acogerá los maltrechos cuerpos después
de la prueba.
12,30
h. de la mañana, por fin llegamos, abrazos con Fátima,
platado de macarrones y a por los dorsales. Empezamos a ver un montón
de bikers, de todas partes sobre todo Catalanes, Vascos y de la
Tierra. Muchas buenas monturas y muchas dobles.
Primer contacto con la organización para recoger los dorsales
y la típica cola, llena de nervios, que progresa muy lentamente.
Nos entregan un plano de la ruta, una tarjeta para sellado en los
controles, el dorsal, una gorra y sorpresa, un "chip de
control" (previa señal de 5 €).
Los nervios crecen, las pulsaciones aceleradas. Nadie sabe como
enganchar el dichoso "chip". La hora de salida se acerca
y todavía no nos hemos ni cambiado. Faltan 5 minutos para
las 15,00 h. y por fin llegamos a la salida. Es muy tarde y nos
tenemos que acomodar en los últimos puestos. Nos dicen que
somos 500 los inscritos y nos sueltan un discurso de 10 interminables
minutos, incluidos los saludos del Alcalde del pueblo.
De repente, se hace un silencio de cortar y se da la salida. El
cuello de botella que se forma es el habitual, y después
de unos pocos minutos empezamos a rodar con ritmo. Empezamos a palpar
de que va la cosa. Se rueda muy rápido y no hay espacio para
adelantar. El polvo es terrible, somos tantos que la nube
que levantamos la podría ver un marciano.
Los
10 primeros kilómetros se avanza por una serie de caminos
de polvo que nos van acercando al primer hito curioso, atravesar
un pequeño río, para el que la organización
advierte de que no se puede cruzar montado. Efectivamente, tenemos
que portar la bici al hombro y atravesar el cauce por el lugar señalado
con una cuerda, donde la profundidad de las aguas nos alcanza hasta
las rodillas. Esto supone, la incomodidad de rodar con las zapatillas
mojadas, aunque el día promete ser ventoso y esto adelantará
el proceso de secado.
Seguimos avanzando por pista de cantos rodados y nos acercamos
a una zona de humedales, donde nos comentaron que podríamos
disfrutar con la visión de diversas aves y fauna de la
zona. No vimos ni un insecto. Imagino que los pobres bichos,
al ver la nube de polvo acercarse, se llevaron tal susto que a fecha
de hoy, algunos todavía estarán pensándoselo
para volver.
En esta zona, nos encontramos con bastante barro en las pistas,
posiblemente debido a filtraciones de los propios humedales. Ya
que aquí no llueve ni en invierno. De todas formas, fue el
lugar donde pudimos hacer alguna que otra risa, debido a las caídas
que se produjeron, dejando a los implicados con un bonito recubrimiento
de barro. Nuestro grupo tuvo suerte y lo superamos sin incidentes.
Una
vez que pasamos esta zona (Km. 20 aproximadamente), el viento
hizo su aparición, con rachas de hasta 60 km/h. y
ya no nos abandonó en toda la prueba.
En el km. 27 llegamos al primer avituallamiento, paramos
sólo para llenar nuestros bidones y nos sellan el primer
control. Preguntamos cuantos llevamos por delante y nos dicen que
unos 200. ¡Lo tenemos claro!.
El viento nos empuja de lado y avanzamos por pistas rápidas
y con buen firme. Esta fue la tónica de toda la carrera.
Por fin, abordamos la famosa subida en el Km. 35 aproximadamente,
donde empezamos a rebasar de forma mas contundente a los menos habituados
a la montaña. Desde aquí, hasta el segundo control
alcanzamos medias de 40 Km/h.. Vamos como cohetes. Y seguimos dejando
atrás, a bastantes de nuestros competidores.
Llegamos al Km. 53, donde se encuentra el segundo control.
Nos hacemos con las porquerías alimenticias habituales para
meter en el cuerpo, que luego nos dejarán el estómago
para el arrastre, pero indispensables en este tipo de pruebas. Y
esperamos a reagruparnos todo el equipo. Salimos a toda pastilla,
para volver en unos 25 Km. al mismo punto donde habrá de
nuevo otro control. El cuerpo ya empieza a estar tocado,
y perdemos definitivamente a Félix, que por otro lado era
el que menos preparado venía.
El viento se coloca frente a nosotros y así estuvo hasta
el final de la carrera. Fue tremendo. Apenas se avanzaba y los Kilómetros
se sumaban muy, pero que muy lentamente. A partir de aquí,
se empezaron a formar grupos para protegerse del dichoso viento,
ya que si te descolgabas no había forma de enlazar. Entonces
fue cuando, le sobrevino a Niko los calambres y que ya no le abandonaron.
Rober se quedó con él y le fue llevando hasta el final.
También perdimos a Aitor con problemas en las piernas y a
Frank. A todo esto, había que sumar la desesperanza que producía
ver a los participantes de la carrera a pie y corriendo, que íbamos
dejando atrás y que sabíamos que aun les quedaban
un montón de horas para llegar a meta.
Así, que con mas moral que el Alcoyano, ya sólo quedábamos
en cabeza de nuestro grupo Fátima y yo. No os sorprendáis
por ver a una mujer con esta fortaleza, ya que me estoy refiriendo
a Fátima Blázquez, que ha participado en 2 olimpiadas,
8 mundiales, 7 Tours, 5 Giros, etc.....
Seguimos
adelantado, saltando de grupo en grupo, hasta que ya no podemos
despegarnos del último, que se nos pone a rueda. Y aquí,
vinieron mis problemas, pistas tendidas para rodadores, viento
y mi estómago empieza a pasarme factura. La última
barrita que comí se me coloca como un tapón a la altura
de la nuez. Fátima me dice que nos faltan 5 Km. Para llegar
al último avituallamiento y control y que unos pequeños
sorbos de la mágica Coca-Cola que allí habrá
me pueden ayudar.
La cosa se pone fea y le digo que siga, y lo que es este deporte
aparece mi salvador entre el grupo que rodábamos juntos y
no es otro que Aitor Sáez, que optaba a ser líder
absoluto de la prueba, pero tuvo muy serios problemas con los abductores.
Gracias a él, conseguí llegar al avituallamiento y
no perder mucho tiempo. Y la milagrosa Cola hizo su efecto. Un par
de monstruosos "GROOOAOS" y como nuevo. Hasta pude comer
algo y a salir a toda pastilla y a buscar a Fátima.
Miro el cuentakilómetros y me marca 5 Km. más que
la organización. Me estoy temiendo que nos van a salir más
de 125 Km., que era lo marcado. En fin, Aitor con o sin abductores
tocados anda como una máquina y me dice que como ya no tiene
ninguna posibilidad, que está encantado de tirar de mi. Por
cierto, ¿he dicho que hacía viento?.
Nos acercamos a una bajada de 7 Km. y nos dicen que ojo que hay
una romería y que suben coches. La verdad es que a mi me
vino de fábula para poder relajar un poco e incluso, pegar
algún que otro saltito.
Volvemos
a las pistas interminables, donde el maldito viento no deja
de soplar de frente. Vamos un grupo de unos seis, todos muy tocados,
nadie habla. Las fuerzas son muy escasas. Excepto Aitor, que al
no poder emplearse a tope parece que va como una rosa. Empieza a
caer el sol y nos acercamos al final de la prueba. Volvemos a las
pistas de cantos rodados, señal que el río está
muy cerca. Ya se nos había olvidado, tenemos que volver a
cruzarlo. Otra vez los pies a remojo. Ya sólo nos quedan
10 kilómetros. Mi cuentakilómetros marca los 125,
eso significa que la prueba está mal calibrada y realmente
salen 135 kilómetros. Pienso de nuevo en los que van a pie
y en mis compañeros. Por cierto, no consigo alcanzar a Fátima.
¡Como se me atragantan los 10 últimos kilómetros!.
El sol está dando sus últimos coletazos y ya pasan
las 6 horas sobre mi burra, que por cierto, no he dicho nada
sobre ella, pero se ha portado como una Diosa.
Por fin vemos unas lucecillas que se funden con el atardecer y
sabemos que nuestro destino ya está muy cerca. Sin embargo,
a medida que rodamos parece que se mueve con nosotros el pueblo
y no llega el momento de cruzar la meta.
Asfalto,
una rampa, la torre de la Iglesia y seis horas y veintidós
minutos después volvimos a cruzar Aitor y yo, la meta. Me
dolían hasta las pestañas. Las posaderas desde
hacía muchos kilómetros habían dejado de existir.
A los pocos segundos aparece Fátima. ¡Pero como es
posible!. Le miro y veo unos ojos chispeantes por la rabia. Y la
explicación llega cuando me dice que el grupo con el que
iba se ha despistado y se han perdido. Ella está disgustada,
porque ese despiste le ha supuesto el 2º puesto en féminas.
Pero enseguida coge el buen rollito de haber disputado una aventura
en el desierto de los Monegros.
Entregamos el chip y nos obsequian con una camiseta. Preguntamos
cuantos han entrado por delante y nos dicen que unos 80. No está
mal. Al menos para mi, ya que como veterano es posible que haya
hecho un puesto decente.
Anochece y el frío cala los huesos y cuando estamos a punto
de retirarnos, sorpresa, aparece Frank. Ha hecho un tramo final
de alucine. Está que se sale, ya que se ha encontrado muy
bien en los últimos kilómetros, cuando el resto desfallecía.
Los
demás aun no han llegado, pero no hay quien aguante el
frío, así que les esperamos en el hostal. Media
hora mas tarde aparecen Aitor, Rober y Niko, éste último
con las piernas destrozadas por los calambres. Pero todos ellos
con un regusto de haber cumplido con toda una hazaña. Nos
imaginamos a Félix, que aun no ha llegado, con la luz de
su linterna todavía venciendo los últimos tramos.
Y una hora más tarde llega nuestro compañero, con
la misma cara de haber conseguido algo muy especial. Algo que sólo,
locos, apasionados de la aventura y las ruedas gordas podemos sentir.
De madrugada y casi amaneciendo, seguían entrando en
meta algunos de los competidores, que imaginaros que noche habrán
pasado en medio de ese desierto.
Hoy, escribiendo estas líneas, tomo conciencia de que muchos
de nosotros guardaremos un recuerdo imborrable de tan magnífica
experiencia, que nos anima a disfrutar de la vida, si cabe un poco
mas que el resto de los mortales.
Desde Bikezona queremos rendir un merecido homenaje a todos los
participantes de este II Circuito Chip Sport - Maratón de
los Monegros. ¡Seguid así!.
|