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sábado, 22 de noviembre de 2008  
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4° RAID BIKE AL MAGRIB


    Nada más abandonar el invierno decidimos recibir a la primavera de una manera diferente, pedaleando por el continente africano, más concretamente en Marruecos, un país fascinante para la práctica del MTB. El Bike Al Magrib, organizado por NomadaSport (www.nomadasport.com), es una manera fascinante de conocer una cultura diferente y pedalear por lugares que sólo podías ver en las películas.

El primer día después de montar las bicicletas, decidimos hacer una visita a Marrakech, que sería el punto de partida de nuestra aventura. Una ciudad que parece anclada en el pasado, en la que el tiempo discurre de una manera diferente, que consigue que te olvides del estrés y el ajetreo que se vive en las grandes ciudades europeas.

Es sorprendente lo rápido que pasa el tiempo caminando sin rumbo por el zoco, donde no tardamos en convertirnos en expertos regateadores, ya que el regateo es una especie de ritual que está presente en todo trato y se desarrolla según reglas precisas manejables sólo con la práctica, o perdiéndote en la plaza de Jena-El Fna, observando boquiabiertos a los encantadores de serpientes, contorsionistas, cantores y narradores ambulantes, malabaristas y multitud de puestos ofreciendo comida típica a precios increíblemente baratos.

COMIENZA EL RAID

El primer día de pedaleo comenzaba en un pequeño pueblo de montaña en el norte del Atlas. Casi todo el recorrido discurría sobre pistas asfaltadas, subiendo y bajando los primeros puertos de la jornada. El entusiasmo inicial, hizo que afrontásemos las subidas demasiado fuerte y a pesar de no ser puertos excesivamente duros, más de uno llegó bastante cascado. También pudimos darnos cuenta de lo sorprendente de la geografía marroquí, ya que pensábamos pedalear sobre un país semidesértico y nos encontramos valles totalmente verdes, bosques de encinas e incluso coronamos un puerto nevado, ¡en plena primavera!.

Esa primera noche pudimos dormir en un poblado de Bereberes. Toda una experiencia. Nada más llegar nos vimos rodeados por una pequeña multitud de niños, que después de abordarnos, pidiéndonos stilo (bolígrafos) y bombón (caramelos) se encargaban de elegir invitados. Tras hacernos saber su elección nos llevaron a su casa donde nos prepararon una cena a base de huevos, mantequilla y pan que nos supo a gloria. Nosotros nos quedamos en casa de Mustafá, un chaval de lo más espabilado, pues él sólo había reunido más bolis y caramelos que el resto de niños juntos.

Nos parece alucinante su manera de vivir, sin luz ni agua corriente y sin embargo, mostrando una hospitalidad inaudita con unos desconocidos. La verdad que te da mucho que pensar encontrar gente que vive con tan poco mientras nosotros estamos inmersos en una sociedad de consumismo y derroche.

Al amanecer nos despedimos de nuestros nuevos amigos, mientras las dos médicas de la expedición se encargaban de atender a los niños que precisaban cuidados médicos. Nuestras dos médicas, además de aguantar a todo el grupo de quejicas ciclistas, se encargaban de atender a los enfermos que lo necesitaban ya que en la mayoría de los pueblos carecen de medicinas y el hospital más cercano se encuentra demasiado lejos.

Partimos por una pista que nos interna en el cauce de un río, que seguimos durante varios kilómetros cruzándolo varias veces, incluso pedaleando dentro de él.
Tras dejar el valle, nos encontramos con un duro puerto que sería el primer tramo competitivo de la prueba.

El Bike Al Magrib es un raid semicompetitivo. Se circula a un ritmo tranquilo, y sólo algunos tramos, principalmente subidas, son cronometrados, es decir, que puedes hacer todo el recorrido sin fundirte demasiado, disfrutando del paisaje y matar el gusanillo de la competición si eres de los más machacas.

El puerto resultó bastante duro y dejó la carrera abierta a cinco ciclistas que llegaron destacados. Tras el calentón, un rápido descenso nos conduce hasta un precioso lago rodeado de montañas, donde pasamos la noche.

El siguiente tramo competitivo se trataba de un puerto de 24 kilómetros que nos elevaba hasta los 2700m. El fuerte viento en toda la subida hizo que la carrera se resolviera en el último kilómetro, en un apretado sprint. El paisaje había cambiado y se empezaba a parecer a la idea que teníamos del desierto. Concluimos la etapa llaneando a través de un valle, rodeados de montañas rojizas hasta llegar a Tamta.

La cuarta etapa, fue prácticamente de descanso, 30km de bajada a través de las majestuosas gargantas del Todra, un paisaje fascinante. Como punto negativo decir que fue el único tramo en todo el raid, donde nos encontramos turistas de los que acuden en manadas en autobuses y no paran de sacar fotos. Nosotros ya nos sentíamos auténticos nómadas.

Pasamos la tarde en Tinerhir, una ciudad bastante grande donde puedes visitar los palmerales, darte un autentico baño "turco" o pasear por el casco antiguo lleno de artesanos.

Después de dar cuenta de una copiosa cena basada en cus-cus, pasta y tallín (cordero), nos dimos cuenta de que tendríamos que soportar la dureza de las etapas por el día... y la fiesta por la noche.

Unos músicos marroquíes comenzaron un improvisado concierto al que no tardamos en unirnos para acabar todos bailando hasta las tantas.

UN DIA PERFECTO

Seis y media de la mañana. No hemos dormido mucho, pero nos han contado que la etapa es alucinante; 120km de puro MTB y ni un sólo cm de asfalto.
Nos internamos en el Shagro, un lugar semidesértico de montañas basálticas de color negro. La verdad que este es uno de los días que más he disfrutado de la bici de montaña, soy un verdadero fanático de las megarutas y este fue uno de esos días en que exprimes tu cuerpo un poco mas allá del límite, y llegas completamente reventado pero con la sensación de sentirte un privilegiado por poder disfrutar de estas emociones...; subidas interminables sobre montañas de aspecto lunar, bajadas adrenalínicas con saltos, curvas imposibles, peraltes, rápidas pistas atravesando vergeles en el desierto... ¡Una gozada!.

Acabamos de alucinar cuando tras coronar el puerto más alto de la jornada nos encontramos a los conductores guías y demás personal marroquí que se habían montado una improvisada fiesta, y estaban con la música a todo trapo, bailando sobre los todoterrenos, totalmente surrealista, parecía sacado de una peli de Oliver Stone.

El viento de culo nos hizo llegar casi sprintando al pequeño pueblo donde pasamos la noche en un hotel de ensueño, que parecía sacado de un cuento de las mil y una noches pero con piscina.

ENTRANDO EN EL SÁHARA

Para rematar nuestros doloridos cuerpo, nos esperaban 100km adentrándonos en el desierto hasta llegar a Zagora, las puertas del Sahara.

A pesar de ser el perfil prácticamente plano resultó ser la etapa más dura; largas pistas pedregosas, sol de justicia y nada de sombra. Los que llevaban doble suspensión podían avanzar mas fácilmente, el resto nos vimos obligados a bajar la presión de los neumáticos, lo que provoco varios pinchazos.

Es impresionante como en pleno desierto cada vez que parabas a causa de una avería en menos de 60 segundos, te veías rodeado de varios niños pidiéndote caramelos. No conseguimos saber de dónde salían.

Tras 100km llegamos a una gran duna que nos anunciaba el comienzo del Sáhara, un arco elaborado con palmeras y unos músicos marroquis hacian las veces de pancarta de meta, la cual cruzamos con gran satisfacción.

Atrás quedaban 460km de pista, dunas, arena, sudor y diversión. Pero aún nos quedaba la fiesta final en un campamento rodeado de dunas bajo las estrellas.
La entrega de premios, una fantástica horquilla Manitou Mars y aprovechar la última noche del Raid.
El último día lo dedicamos a regresar a Marrakech y hacer alguna compra de última hora. Todos partimos con la sensación de haber hecho algo más que una carrera, una experiencia totalmente inolvidable.


Si te gusta el auténtico MTB, eres un apasionado de las largas rutas, los viajes salvajes, te gusta picarte con los colegas... a qué esperas, el V Bike Al Maghrib está a la vuelta de la esquina.

Alberto Peláez Serrano.



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