El mundo del pedal se ha despertado con una noticia que nunca hubiera querido recibir. El veterano y carismático ciclista Antonio Fernández Matamoros, integrante del equipo CEC Coslada-Bicicletas Salchi, falleció ayer de manera repentina mientras hacía lo que más amaba: rodar sobre su bicicleta de carretera. El corredor, de 70 años, sufrió un infarto fulminante mientras preparaba el inicio de su temporada 2026 en los alrededores de Vilches (Jaén), localidad donde residía actualmente.
Natural de Montiel (Ciudad Real), pero vinculado emocional y deportivamente durante décadas a la Comunidad de Madrid, concretamente a la localidad de Cerceda, Matamoros era mucho más que un ciclista veterano. Era una institución en la zona centro de la península, un deportista cuya vitalidad desafiaba al cronómetro y cuyo carácter extrovertido le granjeó el cariño de compañeros, rivales y aficionados por igual.

Una trayectoria forjada en el barro y el asfalto
La carrera deportiva de Antonio Fernández Matamoros es el reflejo de una pasión incombustible. Su palmarés es, sencillamente, inmenso. Pocos corredores pueden presumir de una polivalencia tan absoluta, habiendo logrado proclamarse campeón de España en tres disciplinas tan exigentes y distintas como son la carretera, el ciclocross y el ciclismo de montaña (MTB).
A lo largo de los años, su vitrina se llenó de metales en campeonatos nacionales y acumuló un dominio regional abrumador. Ostentaba nada menos que 13 títulos de la Comunidad de Madrid y diversos entorchados en Castilla-La Mancha. Su competitividad era legendaria; no importaba la disciplina ni la climatología, Antonio estaba presente en la línea de salida prácticamente cada fin de semana, demostrando que el ciclismo es, ante todo, un estilo de vida.
En los últimos años, tras su jubilación y su traslado a tierras andaluzas, competía con la licencia de la Federación Andaluza de Ciclismo (FAC), tras haber pasado previamente por las federaciones madrileña y castellanomanchega.
Un ejemplo de superación hasta el último aliento
El fallecimiento de Antonio resulta especialmente doloroso por el momento en que se produce. El veterano corredor se encontraba en pleno proceso de recuperación tras haber sufrido una aparatosa caída el pasado mes de octubre mientras entrenaba. Aquel accidente le obligó a pasar por el quirófano, pero lejos de amedrentarse o pensar en la retirada, su afán competitivo le impulsó a trabajar duro para recuperar el ritmo.
Ayer, mientras buscaba ese punto de forma necesario para encarar las competiciones de 2026, su corazón dijo basta. Se marcha un ciclista alegre, sociable y profundamente querido por la "familia ciclista", alguien que siempre tenía una sonrisa o una palabra amable para el resto del pelotón.

El último adiós en Cerceda
El cuerpo del malogrado deportista ha recibido sepultura esta tarde en el cementerio municipal de Cerceda, el lugar que fue su hogar durante tantos años y donde forjó gran parte de su leyenda deportiva. Previamente, se ha celebrado una emotiva misa en la iglesia de la localidad, donde familiares, amigos y compañeros de equipo han podido darle el último adiós.
Desde su equipo, el CEC Coslada-Bicicletas Salchi, han querido transmitir su más profundo pésame a la familia y allegados. La formación pierde a uno de sus miembros más entrañables y ejemplares, un hombre que dejó una huella imborrable tanto por sus vatios sobre la bici como por su calidad humana fuera de ella.
Descansa en paz, Antonio. Tu estela seguirá presente en cada grupeta y en cada puerto de montaña.
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