Jurgen Ramírez ha logrado un Récord Guinness histórico tras completar el Gran Fondo Collado del Cóndor en un tiempo de 4 horas y 55 minutos. Esta hazaña en Mérida, Venezuela, posiciona al ciclista como una leyenda del ciclismo de montaña y los ascensos de gran altitud.
La conquista de un coloso andino
El Gran Fondo Collado del Cóndor no es una prueba cualquiera. Se trata de uno de los retos más salvajes del calendario internacional, donde los participantes deben enfrentarse a una ascensión continua que supera los 4.000 metros de desnivel positivo. La altitud, que alcanza puntos críticos donde el oxígeno escasea, convierte este recorrido en una verdadera prueba de supervivencia física y mental.
En esta edición, el nombre de Jurgen Ramírez ha quedado grabado en los libros de historia. No se limitó a competir; su rendimiento fue una exhibición de potencia sostenida. Al detener el cronómetro en 4h 55’, no solo se llevó la victoria, sino que estableció un nuevo estándar que ha sido reconocido oficialmente como un récord mundial.
Para una gesta de este calibre, el equipamiento juega un papel determinante. La bicicleta utilizada en este ascenso debió equilibrar una extrema ligereza con una rigidez estructural capaz de transmitir cada vatio de potencia en rampas de gran inclinación. En pruebas de este tipo, la elección de los desarrollos es clave, optando habitualmente por configuraciones de platos compactos y cassettes de amplio rango para mantener la cadencia en altitudes superiores a los 3.000 metros.
Asimismo, la gestión de la presión en los neumáticos y el uso de componentes de carbono de alto módulo permiten reducir el peso periférico, un factor crítico cuando se lucha contra la gravedad durante casi cinco horas ininterrumpidas.

Un impacto global en el ciclismo
Este resultado sitúa a Venezuela en el mapa del ciclismo de ultradistancia y montaña. La magnitud del esfuerzo realizado por Ramírez es comparable a las etapas reina de las grandes vueltas europeas, pero con el agravante de la altitud extrema de los Andes. El reconocimiento por parte de la organización de los Récord Guinness subraya la dificultad técnica y física de una ruta que ya es considerada un lugar de peregrinación para los amantes de los desafíos épicos.
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