SALUD Tienen un origen multifactorial ligado a la fatiga

Los calambres no son solo una cuestión de pérdida de sales

Los calambres no son solo una cuestión de pérdida de sales

La evidencia científica actual desplaza el viejo mito de la deshidratación y apunta a la fatiga neuromuscular y al sistema nervioso como detonantes clave en el deporte de resistencia.

Los calambres musculares asociados al ejercicio representan uno de los dolores de cabeza más habituales, frustrantes y peor comprendidos en el deporte de resistencia. Durante generaciones, atletas y entrenadores han achacado este problema de forma casi exclusiva a una simple falta de hidratación o a la pérdida de electrolitos. Sin embargo, los últimos estudios científicos desmontan esta teoría simplista y describen un fenómeno complejo donde varias causas actúan de forma simultánea.

Los datos estadísticos reflejan la magnitud de este problema en el pelotón y en las carreras a pie. Se estima que uno de cada cinco corredores experimenta un calambre muscular agudo durante un maratón, y cerca del 40% de los deportistas de fondo lo ha padecido en alguna ocasión a lo largo de su vida deportiva. Cronológicamente, el muro del kilómetro 30 suele ser el punto crítico donde aparece la fatiga neuromuscular en la gran mayoría de los casos analizados.

El origen multifactorial del espasmo

La literatura científica actual coincide en que el calambre muscular asociado al ejercicio rara vez responde a un único elemento aislado. En su lugar, el rendimiento se ve comprometido por tres mecanismos fisiológicos distintos que se solapan de forma fatídica en el organismo del deportista:

Deshidratación e hiponatremia

La pérdida severa de líquido y, de forma muy acusada, la disminución de los niveles de sodio a través del sudor continuado altera gravemente el equilibrio electrolítico. Este equilibrio es el que requiere la musculatura para ejecutar los procesos de contracción y relajación con total normalidad.

Fatiga neuromuscular

A medida que las fibras se agotan por el esfuerzo continuado, el músculo pierde su capacidad intrínseca para regular la contracción de manera eficiente. Esta es la razón fisiológica fundamental por la que la inmensa mayoría de estos espasmos involuntarios hacen su aparición en la recta final de las competiciones o entrenamientos exigentes, justo cuando la fatiga acumulada alcanza su punto máximo.

Control del sistema nervioso

Se produce un desajuste crítico entre las señales excitatorias e inhibitorias que viajan directamente hacia la motoneurona. Este fallo en la transmisión neuromuscular puede disparar de forma súbita la contracción involuntaria y sostenida que se percibe como un calambre doloroso.

"El calambre no tiene una única causa, y por eso tampoco existe una única solución. Entenderlo como un problema multifactorial es el primer paso para prevenirlo de forma real". — Pedro Valenzuela, Investigador en la Unidad de Fisiología de la Universidad de Alcalá.

Estrategias integrales de prevención

Si el origen del problema es múltiple, la estrategia para combatirlo en el día a día debe ser igual de ambiciosa. La evidencia científica sugiere que centrarse únicamente en la ingesta de pastillas de sal es un error común que no soluciona el trasfondo de la situación.

Para lograr una prevención real y efectiva, los deportistas deben diseñar una pauta nutricional que combine de forma precisa una hidratación óptima, un aporte correcto de sodio y, de manera crucial, una cantidad suficiente de carbohidratos destinada a retrasar al máximo la aparición de la fatiga muscular. El uso de bebidas deportivas formuladas específicamente para integrar carbohidratos y electrolitos permite mitigar varios de estos factores críticos a la vez, ayudando a mantener la intensidad y alejando el fantasma del calambre en la alta competición.

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